El peligro de nuestras expectativas de los Antivirus

A una señora en Murcia que regenta un locutorio, le han realizado una transferencia de 2800 euros hacia la cuenta de un desconocido sin su consentimiento. El banco se niega a devolverle el dinero. Ha sido víctima de una variante de Citadel, el de la transferencia ficticia. Entre lágrimas por haber perdido la recaudación del mes, nos pregunta desesperada: “¿Pero cómo ha podido ocurrir? No lo entiendo, ¡tengo un antivirus! ¡No es pirata!”

Un bufete de arquitectos en Barcelona nos contacta. Desde su proveedor han detectado un tráfico muy sospechoso que proviene de la red interna. Es probable que se esté filtrando información. Preocupados, se ponen en contacto con nosotros: “Estamos protegidos con un antivirus. Hemos analizado cada máquina incluso con otra marca y también nos dice que estamos limpios. ¿Qué demonios está pasando?”.

Estos son solo dos ejemplos reales de nuestro día a día. En ambos casos, los forenses indicaron infecciones comunes en el sistema. Nada de amenazas dirigidas: malware común, del que infecta a millones de máquinas cada día. Se habían infectado a través de una vulnerabilidad en un plugin del navegador. En los dos casos se detectó el malware, y se eliminó. Y en los dos casos (y en cualquier forense realizado, en general), efectivamente disfrutaban de la protección de un antivirus reconocido, actualizado, activo y plenamente funcional que ofrecía todo tipo de protección.

¿Crisis antivirus?

Los antivirus comenzaron (y siguen) usando tecnología de firmas. Mejoraron con la heurística, que se demostró insuficiente. Incorporaron incluso análisis de comportamiento y además, reconocimiento en la nube con millones de ficheros en listas blancas y negras de reputación en tiempo real. ¿El resultado? Además de estos ejemplos comunes en nuestro laboratorio, según el estudio del Observatorio de INTECO con el que colaboramos, los niveles de malware encontrado en unos 3000 usuarios analizados mensualmente en España rondan desde hace años el 50% de equipos que alojan al menos una muestra. De ellos, el 95% suele usar antivirus. No parece muy alentador. Pero el antivirus no está en crisis.

Las expectativas

La pregunta de los usuarios es normal. Me han vendido un producto que no ha cumplido su función, por tanto, en su lógica, el producto es el culpable. Y efectivamente, el antivirus ha fallado… pero el problema reside realmente en las expectativas. Cuando se adquiere un producto, se espera que cumpla la función que promete y se crean por tanto unas expectativas que, una vez incumplidas, se sienten como deudas. Pero quizás nosotros mismos (ayudados, eso sí, por la publicidad y nuestra interiorización de sus mensajes) hemos generado esas expectativas exageradas.

Depende de en qué plano nos movamos, estamos más expuestos a generar expectativas increíbles. Si bien no esperamos que al comprar determinada marca de desodorante, chicas espectaculares caigan a nuestros pies por el simple hecho de oler mejor y que un anuncio lo asegure, en el plano de la tecnología el usuario es más vulnerable en este aspecto: si la publicidad del antivirus dice que me protege, espero protección. Protección total, y no a medias. Pero la realidad es diferente. Como hemos mencionado en otra ocasión, el antivirus es un chaleco antibalas… pero hoy en día, los atacantes han aprendido tanto a disparar a la cabeza, como a atravesar el material del que están hechos. Si un coche cae por un barranco, explota y se consume en llamas, ningún testigo gritaría ante el cuerpo calcinado del conductor: “¡¿Pero si usaba un cinturón de seguridad, cómo ha podido ocurrir!?”.

Un cambio en las expectativas

Más que culpar a un producto, se debe generar un cambio de expectativas en el usuario medio. Los atacantes llevan ventaja. Desde (¿y para?) siempre. Actualmente, la fórmula por la que crean archivos únicos que solo funcionan en el equipo de la víctima, (cifrados exclusivamente para ese ordenador con criptografía simétrica basada en parámetros únicos del sistema), dificulta muchísimo tanto su detección, como la extrapolación a ningún tipo de lista para compartirla con otros usuarios. También complica el análisis, así que es más complejo crear una firma y que se detecten muestras similares. Para colmo, otros problemas más prosaicos como la escasez de personal en los laboratorios en épocas de crisis, ralentizan las investigaciones antivirus. Y aunque todo esto se solucionara, los atacantes seguirán con ventaja. Afrontémoslo.

El usuario debe aprender entonces a esperar lo que de verdad puede conseguir de cada tecnología. El corrector ortográfico de Word no se hace llamar “antierrores ortográficos”, ni nos convierte automáticamente en un académico de la lengua. Solo nos ayuda a detectar fallos comunes. Para escribir bien y que no se cuelen errores en nuestros párrafos, es necesario usar otras “herramientas”: entender la gramática y mejorarla con la lectura de calidad. Jamás se inventará el corrector que consiga eso por nosotros. Probablemente, el antivirus debería llamarse “detector (de algunos tipos) de malware” para reforzar la idea de que es necesaria otro tipo de protección adicional y rebajar las expectativas en este campo… pero probablemente los de marketing no estarían muy de acuerdo.

¿Y qué tipo de protección adicional es necesaria?

Desde luego, superar el binomio clásico “antivirus y cortafuegos entrante” tan incompleto y obsoleto. Una buena medida es conocer y activar las opciones de seguridad de Windows, y otra muy interesante que ha aparecido últimamente, son los programas antiexploits. No me refiero a la detección de exploits que también intentan los antivirus (con éxito relativo, como ocurre con la detección de malware). Este tipo de software se preocupa del malware en otro plano: detectan las técnicas de intentos de explotación de vulnerabilidades que hacen que se instale el malware, no del malware en sí (para eso estaría el antivirus). Y dan buenos resultados. EMET, la herramienta de Microsoft es una buena prueba de ello, y personalmente estoy seguro de que acabará integrada de serie en futuras ediciones de Windows. ExploitShield es otro gran programa aparecido recientemente. Intenta impedir que los exploits lleguen a ejecutar código, basado en su comportamiento esencial. Es muy efectivo.

Para hacernos una idea de que este es un problema que hay que atajar, de ese 50% de sistemas infectados del que hemos hablado, sí, un 95% usa antivirus... pero solo un 60% suele tener actualizados todos sus programas...

Por supuesto, si se popularizan los programas antiexploit, no serán la solución definitiva y tendrán que evolucionar… Pero parecen un buen camino, hoy. Desprendámonos de consejos obsoletos. Actualmente, los exploits y las vulnerabilidades en software no actualizado representan una buena parte del problema. No seamos víctimas de nuestras propias expectativas.

Sergio de los Santos
ssantos@hispasec.com
Twitter: @ssantosv

Anuncios