El impacto del número de chinos sobre el futuro de las TIC

Los mil trescientos millones de chinos, cuando no se utiliza tal cifra para provocar miedo, son en principio percibidos por los extranjeros como un enorme mercado a conquistar. Y dado que su mano de obra costaba más barata que en los países desarrollados, se precipitaron a vender y fabricar aquí.
Tal dimensión importa, por supuesto, pero está cambiando y las implicaciones de cara a las TIC resultan más complejas y hasta podrían reservarnos algunas sorpresas…
Francis Pisani

El incremento de la clase media en china y la pequeña cantidad, en comparación, de clase alta hace que este mercado se mantenga inalterable. El coste de la mano de obra tiende a aumentar, en parte por estas razones. Hoy, uno puede fabricar más barato en Vietnam, por ejemplo, y cada vez más en Bangladesh (entre otros).

En cuanto a las TIC, la inconmensurable ventaja de los chinos en relación a otros países, radica en la cantidad de ingenieros que salen de sus escuelas cada año. Como me dijo un hombre de negocios norteamericano instalado en Shangai: la calidad es “challenging“. Entiéndase que varía. Y sí, hay excelentes ingenieros, pero el problema de este empresario reside en la falta de experiencia profesional de quienes le solicitan empleo, que lo obliga a ampliar la formación de los recién egresados dentro de la misma empresa.

Pero el número de chinos resulta significativo al menos por dos razones más.

La primera consiste en un privilegio hasta hoy reservado a los Estados Unidos: un mercado de early adopters lo suficientemente grande para que sea posible probar con rapidez las reacciones de los consumidores ante cualquier nuevo producto o servicio. Una ventaja de la que carecen los países más pequeños, no obstante que dispongan de los ingenieros, los emprendedores y los diseñadores necesarios.

La segunda razón por la que el número de chinos puede jugar un rol determinante se avista más complicada; y los resultados que podemos esperar son difíciles de prever, aunque podrían ser considerables.

En el curso de mis viajes alrededor del mundo he podido comprobar la importancia del acceso a la información procedente de todos lados, y la posibilidad de colaborar con personas desconocidas del otro lado del planeta. Sin embargo, el inglés, principal herramienta de comunicación, no se habla bien en todas partes, y tanto las diferencias geográficas como culturales, si bien no impiden la colaboración, ejercen un freno innegable.

En China, gobierno, regiones, alcaldías, empresas, instituciones, grupos de todos tamaños y un número “chino” (= no cognoscible, pero considerable) de individuos han decidido hacer de la innovación una prioridad. Los motivos son económicos, estratégicos, políticos o individuales. Varían, pero la dirección no deja lugar a dudas. Consideren, por ejemplo, del actual eslogan de la ciudad de Beijing (colocado, entre otros sitios, en las construcciones públicas): “Patriotismo, Innovación, Inclusión y Virtud”.

Nadie sabe lo que puede emerger cuando, en un conjunto de varias centenas de millones de personas y de grupos que hablan la misma lengua, que viven en el mismo país y están conectados a las mismas redes, una cifra significativa entre ellos se empeña en innovar y en intercambiar sus descubrimientos e ideas, sea que ellos mismos encuentren los medios para realizarlo o que alguna institución se los proporcione.

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